Algunos juegos se pueden practicar sin prestar demasiada atención a quién sea tu oponente o qué está intentando hacer. Si eres un experto jugador de ajedrez y juegas contra un aficionado no necesitas preocuparte por lo que piensa o planea hacer. La posición en el tablero contiene toda la información necesaria que te hace falta para ganarle. Simplemente haces jugadas técnicamente buenas, él acaba cometiendo sus errores inevitables y al final lo derrotas.
En el backgammon es parecido, pero ofrece más posibilidades de explotar la debilidad de un jugador. Si eres un jugador fuerte que juega contra otro más débil, puedes limitarte a hacer tu juego normal y al final ganarle. Pero también puedes mejorar tus resultados y ganar un poco más si has observado errores en el juego de tu contrincante. Reconocer estas oportunidades es una ventaja más.
Lo que ocurre en el poker, sin embargo, no es como estos juegos. Cuando juegas a poker no estás intentando hacer jugadas objetivamente buenas sin más, también estás intentando ocultarle a tus oponentes la naturaleza de tus jugadas mientras tratas de calcular lo que ellos están haciendo para poder contrarrestar su juego. No es tarea fácil equilibrar todos estos objetivos, y hacerlo bien requiere por tu parte una buena apreciación de lo que ha estado ocurriendo en la mesa. A eso se le llama “leer la mesa” y consiste en observar los “tells” (pistas que un jugador ofrece involuntariamente y sin darse cuenta sobre la jugada que tiene o sobre cuál va a ser su próximo movimiento) físicos, patrones de apuestas, y tu propia imagen, la imagen que de ti mismo estás dando a los demás. Si tienes conocimientos de psicología, hablar en la mesa puede también ser una buena arma a utilizar, siempre y cuando seas capaz de no dar información de ti mismo a tus adversarios. Si eres un jugador novato que estás iniciándote en el poker, no te involucres en una guerra psicológica con jugadores experimentados. Concéntrate en la base del juego, la fuerza de tu mano y lo que puede tener tu oponente. No hables con jugadores que te parecen muy buenos, los buenos jugadores siempre sacarán información de tu conversación. Mentir no está bien, pero en el poker casi todo se perdona. Si tus rivales se dan cuenta que siempre dices la verdad, o al revés, que siempre mientes, les darás muchas pistas cuando estés charlando con ellos. Si quieres hablar mientras juegas tienes que procurar tener la misma actitud y el mismo tono de voz, tanto al mentir como al decir la verdad. Muchos jugadores que hablan muchos, se quedan callados cuando "bluffean" (de “bluff”, jugar de farol, intentar llevarse la mano con una apuesta intimidatoria para hacer que el rival tire las cartas con su mano, generalmente ganadora), pero no paran de hablar cuando tienen A A. No caigas en esta trampa mortal. Si te pones nervioso cuando "bluffeas", lo mejor es mantenerse en silencio y no decir nada.
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